Crítica de Marty Supreme: Chalamet se lo pasa bomba para llevarse el Óscar

'Marty Supreme' es una mamarrachada en el súper buen sentido de la palabra.

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Este año ha sido el primero en el que los hermanos Safdie han tomado caminos distintos (Bennycon su ‘Smashing Machine’ y Josh con ‘Marty Supreme’). Habiendo visto ambas, podemos afirmar que el primero quiso probar nuevos retos (con un estrépito en taquilla lastimoso) y, el otro, exprimir más si cabe lo que ya sabía hacer a las mil maravillas. ‘Marty Supreme’ es una alocada peripecia dirigida como los ángeles.

Los ingredientes son casi los mismos que tenían sus anteriores cintas (‘Uncut Gems’ y ‘Good time’) e, incluso, a la segunda parte de la última ganadora del Óscar (‘Anora’). Personajes ahogados en deudas, un ritmo asfixiante (ni siquiera en los créditos con los llantos de bebés) y el mundo de la noche para perderse aún más en el torbellino de las malas decisiones. En este caso, Marty es un jugador de tenis de mesa con aires de grandeza. Su pedrada es competir en el mundial que se celebra en Japón para coronarse como el mejor del mundo. Está muy bien lo de perseguir nuestros sueños, pero aquí se desvirtúa tanto que se transforma en un narcisismo obsesivo que, además, salpica al resto.

La trama es chupada. ¿Objetivo? Ir a Japón. ¿Dificultades? Todas las posibles. ‘Marty Supreme’ es la escalada a una montaña que cada vez se empina más y más hasta el punto de hacer loopings. Cada quiebro que sufre Marty es más rocambolesco pero la dirección sigue intacta: Japón. Esta ausencia de arco, para algunos, puede ser una pega, pero para mí es un acierto para no enmarañar en exceso el conjunto. La película ya es barroca por su concatenación de travesuras y no necesita de más para disfrutarla. Su riqueza se esconde en las cabriolas que Marty ha de sortear y cómo el director las ha sabido meter en un espacio de tiempo tan reducido sin que salgan por los aires.

Tras verla, uno agradece ser prudente en la vida real. Cualquiera bajaría los brazos a la primera de cambio, pero aquí te enseñan el otro extremo. ‘Marty Supreme’ avanza pese a tener un mentecato como protagonista tomando siempre las peores decisiones (y, a su vez, las mejores para que Chalamet se lleve el Óscar).  Es un ejemplo de «lucha por tus sueños” enseñándote lo que claramente no hay que hacer para “luchar por tus sueños”.  Josh Safdie abre el grifo sin ningún miedo a inundar la película porque sabe nadar en ella. Se olvida de lo que pudo aprender en el cole de “Ética” para escandalizarnos con un protagonista detestable. En resumen, nos invita al auténtico caos.

Debes estar cuatro días sin dormir para que no te atrape.  ‘Marty Supreme’ es bellaca y gamberra. Josh Safdie ha hecho lo que le ha dado la gana y ha dejado a Chalamet hacer lo que le diera la gana. La clave está en el compromiso de ambos hacia ella. Incontestable.

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