UN CLARO EJEMPLO DE CÓMO HACER PELÍCULAS CON CORAZÓN

"Hail Mary" puede recordar al mejor Spielberg con una historia intrépida y llena de emociones. Ryan Gosling se ofrece voluntario para liderar el peso durante casi tres horas cumpliendo con sobresaliente.

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Adaptación de la novela escrita por Andy Weir (no la he leído así que solo me puedo centrar en la película en sí), «Hail Mary» es un viaje al espacio para salvar a la humanidad. La trama no brilla por su originalidad y los sucesos son prevesibles. Sin embargo, ¿por qué está robando tantos corazones?

Me atrevo a asegurar que este triunfo se debe a sus rasgos clásicos. La película es un «blockbuster» como antaño y con todos los ingredientes bien ensalzados. Te ríes cuando toca reírse, agarras a tu amigo en las escenas de tensión y lloras como cuando eras pequeño. Es decir, ni metarreferencias de la era actual que podrían chirriar, ni voces autorales que quieren hacerse notar. Es una película para el público y para las salas de cine.

Es una película para el público y para las salas de cine.

A la historia le falta más aventura, pero es una decisión consciente, ya que han preferido ahondar más en el vínculo entre Ryan Gosling y Rocky. Suena imposible pero jamás pensaría que una piedra fuera a conquistarme. Por supuesto, este éxito tiene varios culpables: desde su compañero de escena que ha sido capaz de ver en una marioneta a un ser vivo hasta el mimo de la dirección y el texto. Una convivencia linda de ellos dos solos en medio del espacio con risotadas y haciendo ambos un esfuerzo por entenderse.

Si encima le sumas unos paisajes espaciales bellísimos, con imágenes majestuosas y escenas en mayúsculas (el estallido rosáceo con Gosling «disfrutando del momento» mi favorito) consigues una película redonda. «Hail Mary» es una concatenación perfecta de los elementos cinematográficos, pues todos sirven a la historia y no a la realidad. Un trabajo en equipo impecable y ojalá futuras películas aprendan de ésta. En vez de ir hacia delante, buceemos en el pasado y en el cine más sobresaliente.

Dos únicas pegas: inicio deambulante para arrancar y un final que se encantaba a sí mismo y, quizás, se haya regodeado más de la cuenta.

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