«Incontrolable» aborda el síndrome de Tourette con el respeto que merece una enfermedad.

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«I swear» (el título original es más preciso) es un retrato excelente sobre el síndrome que es tan popular en las redes sociales (y no por una buena causa sino por su morbosidad). Apoyándose en la historia real de John Davidson, seguimos la vida entera de quien lo padece, mostrando todas sus consecuencias. En una lucha constante por ver quién se pone por encima, si el sujeto o el trastorno, «I swear» conmueve hasta a la persona menos sensible de la sala.

El actor Robert Aramayo con el mismo John Davidson.

Empezaríamos en la infancia de Davidson con los primeros síntomas. La primera parte tiene un carácter terrorífico si nos imaginamos el contexto de ese momento. Sin la información que sí tenemos ahora, es espeluznante ver a un pobre niño esclavo de sus tics y que insulta sin reparo a cualquiera que se le ponga por delante. Esa conducta excéntrica sacude tanto el entorno familiar que lo hace añicos. Mientras que el padre le abandona, la madre se rinde a esta enfermedad incurable. El resultado es un tormento insostenible y la soledad de un chaval que, precisamente, necesita lo contrario: amor y paciencia.

Y es en este punto cuando aparece un ángel caído del cielo. Dottie, a la que le quedan tan solo seis meses de vida, se hace cargo de él y se convierte en su nueva madre. Seguramente, el «deadline vital» le motivó a hacer un último acto de bondad pero también son indiscutibles sus herramientas de empatía y cuidado. A partir de aquí, la película sigue la vida del protagonista enseñándonos diferentes escenarios donde el síndrome asume el rol de villano. Juzgados, entrevistas laborales o bibliotecas son algunos de estos ejemplos y es que si algo consigue «I swear» es retratar de forma fidedigna el día a día de quien lo padece. Jamás hubiésemos pensado que las bibliotecas podían llegar a ser peligrosas por su silencio reinante. O el colapso que produce una entrevista de trabajo, voceando salvajadas al entrevistador que se supone que tienes que gustar. Por suerte, en este último caso, conocemos a otro santo que ve a Davidson más allá de sus tics. Tommy Trotter es el mentor ideal que, además, nos regala la tesis de la trama («el problema no es el síndrome sino la poca información que tiene la sociedad sobre éste).

Davidson con Dottie

La historia te emociona porque es sobrecogedor la lucha incesante a la que se enfrenta Davidson. Cada segundo es víctima de impulsos (prohibidos socialmente) siendo él el primero que conoce su gravedad. Este puntillismo de detalles nos los regala una interpretación digna de ser recordada. Merece la pena verla solo por un Robert Aramayo inconmensurable del que debemos de hablar durante horas para que entre en los futuros libros de actuación. También, entre lágrima y lágrima, te cuelan momentos graciosos: Su primer día de camello gritando a los cuatro vientos que vende heroína, las agresiones fortuitas a las que se enfrenta su entorno o el carrusel de insultos junto al joven en el coche son escenas que te dan el permiso de reírte con él (y no de él).

El síndrome de Tourette es controvertido por su esperpento. Y, desgraciadamente, se suele abordar sin el contexto que todo trastorno necesita. Las recopilaciones de los tics más estrafalarios ocupan miles de visitas en las redes sociales. Por eso era necesaria esta historia, ya que gracias a ella saldrás del cine diferente. Apuesto a que le tendrás más respeto a esta enfermedad.

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Mario Aranegui
Soy Mario Aranegui. Estudié Comunicación Audiovisual en la Universidad de Navarra e Interpretación en Arte Dramático en Réplika Teatro. Apasionado del cine, tengo mi propia productora (Tierra de por medio) donde escribo y dirijo cortometrajes originales. Como director o actor he conocido la parte escondida de las películas y soy un gran entusiasta de todo tipo de cine, pues creo que siempre enriquecerá tu lenguaje audiovisual.

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