La premisa de “Amarga Navidad” es algo trillada pero con un enfoque interesante: Escritor que escribe sobre su vida (típico y, a estas alturas, soporífero). Los personajes de su guion son los que llevan la batuta de la peli (eso está mejor). Es un fleco agradable para hablar indirectamente de alguien con dicotomías interesantes entre “¿Quién soy?” y “¿Cómo quiero que me vean?”. En líneas generales, la ficción gana a la realidad porque empatizas más con Elsa (Bárbara Lennie) que con Raúl (un flojo Leonardo Sbaraglia). Aunque, sobre todo, dicha disyuntiva cuaja más entre el personaje de Patrick Criado y el de Quim Gutiérrez (los santos que aguantan el narcisismo del artista) Paradójicamente, el “personaje ficticio” se revela al protagonista mientras que “la persona de verdad” es más complaciente (aunque en ambos existe el mismo hastío hacia el protagonista).

Aunque la película tenga momentos bonitos, resultan autocomplacientes. El cameo de Amaia es un “fan service” como un piano. Ella está espectacular pero se nota que es una escena metida con calzador por lo descuidada que está en lo demás (nace de forma un poco gratuita, las reacciones son exageradas en vez de contenidas…). Lo mismo pasa con “La llorona”. Nadie niega el buen gusto musical de Pedro pero lo que chirría es el descuido de la cámara, dejando a las actrices vendidas.

A estas alturas de la crítica, creeréis que “Amarga Navidad” es un descalabro ¡pero no! Gracias al epílogo (que además es la parte del guion más cuestionada) Almodóvar se vuelve más certero y consigue atinar con todo lo que antes se le hizo un poco bola. Antes del epílogo, las escenas eran tan cortas que no daba tiempo a respirarlas (de ahí, los diálogos meramente expositivos) pero en el epílogo hay una calma que despierta a los personajes, con conflictos delicados y una dirección más afortunada.

El ejemplo más evidente es la discusión en el Retiro entre Raúl y Mónica. Solo con esa escena, se aprecia un arco en cada uno de los personajes (incluso las farolas se encienden junto a los dos protagonistas y, tanto parque como ellos, evolucionan). Es una disputa dura, cruel y con una Aitana notable. Mención especial también a Milena Smit, pues su personaje en el epílogo es esencial y consigue defender su trama con una sensibilidad frágil y desangeladora.
Es evidente que Almodóvar ha crecido y, por ende, sus películas también. Es honesto que quiera hablar de las mismas cosas (de hecho, me gusta este camino que ha tomado). Pero, aunque sea un texto íntimo, no hay que dorarle la píldora cuando algunas cosas no funcionan. “Amarga Navidad” es mejor que sus últimas pero tampoco cambiará la vida a nadie.



