Vayamos al grano: Empezamos con una escena alocada, sin saber si es porque a Moretti le ha dado un síncope surrealista o porque ha topado con un guion vago (conociéndole me inclinaría por la primera opción). El primer contacto entre Greta y Matteo (Jasmine Trinca y Louis Garrel) es un partido de tenis improvisado con ella recién casada (aunque la versión de su hermano en la que un niño sujeta el velo durante el juego es más divertida). Ya solo con esos tantos, Matteo queda prendido por esta misteriosa mujer. Pero no es hasta siete años después cuando tienen un segundo encuentro que les unirá más.
Esta segunda oportunidad sucede en una cafetería con un Matteo embobado y declamando una chapa de cuatro horas llena de adornos románticos (y es aquí donde se atisban ecos del siglo XX al bueno de Moretti). De este segundo encuentro sí rescato el consejo que su padre le da antes de morir. «Tenemos dos piernas, dos brazos, dos orejas, dos ojos. Y, por qué no, dos oportunidades«. Ese mensaje me ha dado una paz enorme y nadie me lo había dicho.
El viaje a Donostia con su padre para ver por primera vez a Bruce Springsteen es precioso. Ya no solo por haber visto la película en la misma ciudad (jeje) sino por lo valioso que es ese viaje para ambos. Moretti sabe cuándo merece que la cámara se detenga un ratito más y eso pasa en el concierto con una maravillosa versión de «Hungry Heart» en vivo. La canción se disfruta íntegra y, aviso a navegantes, nada más salir del cine solo querréis escucharla en bucle. Para rematar ese viaje idílico, Moretti le da una frase al padre de un valor vital («¿Sabes que te quiero mucho? Creo que no lo digo tanto»).
El ingenio de Moretti nunca caduca y nos regala momentos hipergraciosos como la queja de Matteo a un cura por las campanas que no dejan de sonar («Para recordar que Dios existe». «¿Pero tiene que ser por la noche?»). También, el encuentro con Greta siete meses después (pero ella, inexplicablemente, con cien años de más). O el duelo de pistolas que termina en un acribillamiento a balazos a Greta con todo el set de rodaje clamando «DISPÁRALE, DISPÁRALE JODER”.
«It will happen tonight» no se conforma con dejarte una sonrisa y siembra en silencio una trama secundaria difícil de gestionar. La hija de Greta permanece siempre en silencio y ausente (sin separarse de sus cascos para aislarla aún más del exterior). Moretti no se ensaña en la tristeza de la adolescente y opta por retratar el hermetismo que, a veces, los jóvenes adoptan y lo frustrante que se siente para una madre.

«Dos noches al mes no puedo dormir por mis preocupaciones» le desvela Greta a Matteo. A lo que éste le responde: «Es bueno saberlo para salir a bailar por la noche«. Un mismo baile que empieza en la casa vacía del padre de Matteo (tan «solo» hay millones de vinilos) y que acaba en un musical en medio de la calle con los «Rolling Stones» de fondo. Esa energía de bailar en la calle y disfrutar del amor que nos enseña la vida es lo que a menudo propone Moretti. Y siempre lo consigue.



